Dice la canción popular "A coger el trébole la noche de San Juan, a coger el trébole los mis amores van", y aunque digamos San Juan, la de la noche del 23 es una fiesta totalmente pagana , una noche mágica para celebrar el solsticio de verano y alargar la noche más corta del año. Es la noche de los deseos y los rituales, la del fuego hipnótico de las hogueras.
Hay para todos:
Puedes recoger verbena y otras hierbas aromáticas, ponerlas en agua y por la mañana lavarte la cara para que tu piel esté fresca y sana todo el año, o bañarte desnudo en el rocío sobre la hierba al amanecer, o coger el trébol que te traerá buena suerte,

o mil cosas más, pero lo que no puedes dejar de hacer es saltar la hoguera.
En San Juan la noche se llena de hogueras a las que se arrojan trastos viejos, y si escribes en un papel lo malo que te ha pasado, al arrojarlo a la hoguera se disolverá como el humo y serás más fuerte, y si escribes en otro papel tus deseos más profundos (ojo con lo que deseas), se cumplirán
Pero no hay nada como saltar la hoguera

Tiene algo de atávico y de mágico, saltas y dejas atrás lo malo, lo pasado, pasas el fuego y te renuevas...
Y entre flores de verbena, tréboles y llamas al viento un recuerdo especial para los sanjuaneros de Pedro Manrique en Soria que no saltan la hoguera sino que caminan sobre ella sin quemarse.
Eso sí que es mágico

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